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diario de las arribes

Las Arribes del Duero, un lugar por descubrir en la variedad de la provincia de Salamanca

Fuente: Salamanca24horas

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La tierra de Las Arribes del Duero, como un preciado fósil, ha pasado desapercibida para la Historia, y no sólo para los foráneos, sino también para los propios habitantes. Ésta es una comarca que se encuentra en el extremo noroccidental de la provincia de Salamanca y que surca el Duero, encajonado en profundos cañones que sirve de frontera natural entre España y Portugal, conocida como ‘raya húmeda’. Estas características, junto a su lejanía de las zonas de poder económico y de convertirse en frontera internacional casi en su totalidad inexpugnable, han permitido que llegue hasta nuestros días excelente de salud ambiental, circunstancia que ha llevado a la Junta de Castilla y León a declarar esta zona como Parque Natural Arribes del Duero.

Se trata de un extenso territorio longitudinal de cañones fluviales por los que circulan los ríos Duero, Tormes, Águeda, Huebra, Camaces y Uces, que en su camino han abierto profundas brechas con desniveles superiores a los 300 metros. El encajamiento de la red fluvial ha originado que las temperaturas se dulcifiquen a medida que se desciende y en las zonas más bajas y protegidas su superan los 5ºC las medias registradas en los espacios abiertos situados en una penillanura sobre los 650 metros.

La vegetación, acorde con esta bonanza térmica, presenta rasgos muy diferenciados respecto al resto de la meseta castellano-leonesa, como son aspectos mediterráneos con especies que apenas se encuentran en el solar provincial fuera de esta zona, como el alcornoque, la cornicabra, el enebro, el arce, el lames, el cacto o las chumberas. En los cortados y amparada por esa mayor benignidad climática domina la agricultura con predominación de almendros, limoneros, naranjos, cerezos, guindos, vides y olivos, que se asientan en parcelas de pequeño tamaño que han sido arrancadas al escarpe, acondicionadas para tal fin y denominadas bancales, paredones o cotos. Los productos de estos cultivos, principalmente aceite y vino, se vendían antaño por toda la provincia salmantina y algunos pueblos aún conservan sus almazaras y lagares –éstos, de verdadero interés, asentados sobre las orillas de los ríos y regatos–, como en Vilvestre.

A su vez, las laderas escarpadas, con rincones inaccesibles, son lugar de nacimiento y reposadero de un buen número de aves, algunas de ellas en peligro de extinción. Pero sin duda son los cielos los que muestran una mayor variedad de especies de gran valor ambiental. Cualquier excursión por estos parajes permitirá contemplar el vuelo del buitre leonado o negro, águilas real o perdicera, la descomposición del color con los rayos del sol cuando planea la cigüeña negra –la verdadera seña de identidad faunística de la zona, a la que se denomina la ‘joya alada’ de Las Arribes–, el alimoche, el halcón peregrino, el cormorán o el búho real.

Este dilatado espacio fluvial, desde la presa de Almendra a La Fregeneda, los dos extremos de la comarca, posee una distancia en línea recta de unos 60 kilómetros, que se convierten en 85 siguiendo las sinuosidades de los ríos; pero el que quiera conocer La Ribera, también llamada Las Arribes del Duero, pasando por todos los pueblos, tiene que recorrer más de 125 kilómetros, que pertenecen nada menos que a 23 municipios salmantinos, que se sitúan en el borde del arribe, la penillanura, para evitar las fuertes pendientes sin olvidarse de los beneficios térmicos del clima. Este conjunto de circunstancias, junto a la escasez de accesos hasta las orillas de los ríos producto de siglos de erosión, permite calificar al terreno, como lo hizo Miguel de Unamuno, de el más bello, más agreste y más impresionante paisaje de España entera.

Lugares de interés

Para tener una idea clara de los distintos parajes de interés, se debe seguir el curso del río Tormes hasta su desembocadura y del Duero hasta su entrada definitiva en Portugal. El río Tormes aportará unos pequeños pero interesantes arribes tras abandonar la presa de Almendra, que forma un inmenso lago artificial, donde se pueden practicar todo tipo de deportes naúticos. La carretera que une Trabanca con Fermoselle permitirá descender hasta el lecho del río.

Ya en Villarino de los Aires, en Ambasaguas se puede disfrutar de un área recreativa y desde donde ya se perciben los bancales y terrazas que se acercan al cauce del río desde el altiplano. En la localidad, en el mirador de La Faya, o en el teso de San Cristóbal, junto a la ermita del mismo nombre, se pueden tomar panorámicas lejanas de los ríos y Portugal. También se pude admirar la iglesia gótica de Santa María la Mayor y, unido a Villarino, se encuentra el poblado de La Rachita, cuyas casas ajardinadas y sus vistas constituyen un pacífico remanso de paz.

La carretera, por donde acarreaba ‘la vinagre’ el burro de Villarino, conduce a Pereña, donde destaca la iglesia gótica de Santa María con una original torre y un antiquísimo arco de piedra que da entrada a la Plaza. Pero el paraje más turístico es la ermita de Nuestra Señora del Castillo, situada en un castro ibérico, lugar de peregrinación todos los años el 14 de mayo. Desde este lugar se divisa un asombroso paisaje, con el Duero a los pies, a 400 metros de profundidad. A mitad de camino entre Pereña y Masueco hay que vadear el río Uces, cuyas aguas fluyen de manera tormentosa. En el tramo final del río se halla una gran cascada, entre 40 y 50 metros de caída, el Pozo de los Humos, al que se puede llegar por un camino de tierra que parte del pueblo.

Esta es zona de vinatería

La producción de uva se transforma en las bodegas de los pueblos, acogidos los caldos a la denominación de ‘Vinos de la Tierra Arribes del Duero’. A continuación viene Masueco, constreñido y alargado, que conserva bellos ejemplos de arquitectura tradicional de granito, como el llamado Seminario, de estilo barroco, o la iglesia parroquial, con torre del siglo XV y su portada decorada con bolas. Unos tres kilómetros más adelante, en el centro de La Ribera y considerada como el ‘corazón de Las Arribes’, se encuentra Aldeadávila de la Ribera, que acoge en su término la espectacular central hidroeléctrica, inaugurada en 1962 y excavada en las entrañas del granito.

El paisaje del Duero, profundo y agreste, se divisa desde diversos miradores como de Rupitín, Lastrón, Rupurupay, el Picón de Felipe o el Mirador del Fraile. El pueblo está presidido por la iglesia de El Salvador y su esbelta torre del siglo XV. Además destacan sus fiestas patronales, que se celebran el 24 de septiembre en honor a San Bartolomé y tienen al toro como protagonista, con sus encierros a caballo a primera hora de la mañana. En la zona de la central hidroeléctrica, en un tranquilo lugar habitado desde muy antiguo por monjes franciscanos, se encuentra el poblado de Iberdrola y el convento de La Verde, convertido en moderna hospedería e iglesia, donde se dice que estuvo San Francisco de Asís y Santa Marina.

Siguiendo la ruta hacia el sur, dejando a un lado el cerro de Peñahorcada, se llega a Mieza, un asomadero a 646 metros de altitud que se eleva a unos 450 metros sobre el curso del Duero. Desde este lugar se contempla una de las más hermosas y agrestes vistas sobre el río, El balcón de la Code. En el pueblo se pueden encontrar ejemplos de la típica vivienda arribeña, con balcón delantero para proteger la puerta de entrada. En sus fiestas de septiembre merece destacar el ofertorio y la subasta de roscas, junto al baile de La Bandera.

El recorrido conduce a Vilvestre, un apacible pueblo de auténtico tipismo ribereño, entre cuyo caserío aún se distinguen algunas casas góticas y sus balconadas. Destacan también su ermita del siglo XVIII en el mirador del Duero, las ruinas del castillo y un taller neolítico, todo ello en un oblondo resalte de cuarcita. Merece interés la iglesia de La Asunción, obra gótica de Pedro de Lanestosa ‘El Viejo’ y su retablo del XVII. Además, junto al Duero, en La Barca, se ha construido un pequeño pantalán y un refugio que hacen posible la práctica de deportes náuticos en el embalse de Saucelle, con viajes en catamarán por el cauce del río.

Dejando atrás en la lejanía la vista de Freixo de Espada à Cinta en Portugal, se llega a Saucelle, situado en una altiplanicie entre dos profundas corrientes de agua, el Huebra y el Duero. Este pueblo tiene una iglesia del siglo XV, donde se conservan iconos del XIII, e instalaciones para pasar unas horas de descanso. Junto al arribe del Duero, Saucelle presenta en su límite el profundo encajamiento del río Huebra en el Puerto de la Molinera, que tiene la particularidad de descender primero, tanto desde una dirección como desde otra, para luego remontar al llegar a la cota inferior de 270 metros, lugar de bellos, perdidos y silenciosos parajes. Otra ruta que existe al salir del pueblo es la que conduce hasta el Salto de Saucelle, cuya presa sirve de paso fronterizo con Portugal.

La carretera que lleva a Hinojosa de Duero pasa por un hermoso puente sobre el río Huebra, antes de morir en el Duero, que observa el centro de turismo rural Quinta de la Concepción y también Aldeaduero. Hinojosa de Duero, donde comienza la comarca del Abadengo, conserva numerosos vestigios del poblamiento vettón, romano y medieval. La riqueza de este municipio se condensa en sus fiestas de San Juan, con el Baile de la Bandera que rememora cada 25 de junio el alzamiento del pueblo contra su señor y la liberación de las cargas feudales. Además, destacan sus quesos de oveja, los dulces tradicionales y el hornazo.

Como último pueblo de Las Arribes del Duero se sitúa La Fregeneda, antaño puerta abierta al vecino Portugal a través de la aduana ferroviaria y el embarcadero fluvial de Vega de Terrón, situado a 120 metros de altitud, único puerto con salida al mar de Castilla y León. La frontera con Portugal se evitó durante el siglo transcurrido entre el año 1887 y el año 1985 por la vía férrea que une La Fregeneda y Barca d’Alva. Esta obra de ingeniería del siglo XIX, con sus puentes tipo Eifell y sus 20 túneles sirve de un interesante camino para contemplar exquisitas vistas. La vía, declarada Bien de Interés Cultural será recuperada como lugar turístico. Este es un lugar donde se puede disfrutar de un suave clima, que hace florecer a los almendros casi un mes antes que los del resto de la comarca, con La Fiesta del Almendro, entre los meses de febrero y marzo.

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