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diario de las arribes

Varios restaurantes del norte de Portugal ofrecen con discreción menús gratuitos a los necesitados

Fuente: El Periódico

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Desde que comenzó la crisis económica y el consiguiente incremento del desempleo en Portugal (más del 9%) se han multiplicado los estudios acerca de la pobreza. Pero, en los últimos meses, ya ha aparecido en el léxico popular una palabra más dura y contundente: hambre. Sin embargo, hay también, para alivio de muchos, la iniciativa de los restaurantes solidarios.
Un reciente estudio realizado por la Asociación Portuguesa para la Defensa del Consumidor (Deco) reveló que, por lo menos, 40.000 ancianos ya no tienen capacidad financiera para comprar alimentos y medicinas.
En una reunión de economistas en Lisboa, el fundador y presidente de Asistencia Médica Internacional (AMI), Fernando Nobre, fue tajante. «La pobreza que tenemos en Portugal es una vergüenza. No me hablen del salario mínimo de 450 euros. ¿Quiénes de los que se encuentran en esta sala podrían vivir con esa suma de dinero mensual?», preguntó Nobre. Y se hizo un silencio sepulcral.

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Sobrevivir
En algunos centros urbanos de cierta importancia, como Santa María da Feira (140.000 habitantes) han surgido iniciativas interesantes para paliar la situación. Varios restaurantes lanzaron la idea de suministrar a diario cinco menús gratuitos para pobres, tanto en las comidas como en las cenas.
María, de 42 años y con una hija adolescente, confesó a la televisión estatal que ambas consiguen ahora sobrevivir gracias a este sistema. «Primero, perdí el empleo; después, vino el divorcio y tuve que vender todas mis pertenencias», dijo mientras recogía en el restaurante un suculento plato de carne con patatas y arroz.
Miguel Bernarde, el propietario del restaurante Praceta, aclaró que los que así lo deseen pueden venir y comer junto a los clientes. «Siempre tratamos de que sean atendidos sin que nadie se dé cuenta de que son comidas gratuitas», añadió,
Manuela Coelho, asistente de la Seguridad Social en esa ciudad del norte de Portugal, dijo que uno de los problemas es que muchas veces las personas sienten vergüenza y prefieren sufrir necesidades antes que pedir ayuda. Según Coelho, esto ocurre de forma más crítica en los centros urbanos. «En las pequeñas aldeas, todos se conocen y es muy común que las personas se ayuden mutuamente», asegura.
La Cáritas portuguesa suministra a los pobres cheques que normalmente las empresas dan a sus empleados para las comidas y que también sirven como moneda en los supermercados.
Eugenio Fonseca, presidente de Cáritas, explicó que esa ha sido la mejor solución que han encontrado para combatir la pobreza envergonhada (avergonzada) y que los necesitados puedan «tener acceso a una alimentación saludable».
Los medios de comunicación portugueses han dedicado a esa cuestión varios reportajes, como una especie de incentivo cara a generalizar la iniciativa de los restaurantes solidarios.

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