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diario de las arribes

La sequía provoca una pésima campaña de aceituna en los Arribes

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Los cultivadores de olivos de los Arribes salmantinos se encuentran inmersos en estos primeros compases del mes de diciembre en la recogida de la aceituna. En que la campaña va a ser una de las peores de los últimos años coinciden todos los agricultores de la zona, que tampoco saben qué futuro le espera a este sector, en otros tiempos tan arraigado en la provincia charra. «La falta de lluvias no ha permitido que el fruto se desarrolle bien», justifica Manuel Domínguez, alcalde de Vilvestre y agricultor. «Probablemente en este pueblo no lleguemos a los 100.000 kilogramos, cuando en una campaña normal se estaban recogiendo hasta 150.000», prosigue.
Otro alcalde de la zona, el de La Fregeneda, Bernardo García, plantea la misma situación que su compañero cuando dice que «la extrema sequía ha agostado la poca aceituna que había y si no llueve cuando es tiempo, no engorda». Al margen del número de kilos que se recolecten finalmente, otra de las preocupaciones de los vecinos de los Arribes es el futuro que le espera al olivo debido a que existen zonas que se están abandonando.
«Contamos con fincas que ya no se trabajan porque el acceso es muy complicado y sólo es posible acceder a ellas a través de animales, y eso no merece la pena», indica Manuel Domínguez. En el caso de Vilvestre, el futuro puede estar en el proceso de concentración parcelaria en el que se encuentra sumido el municipio, ya que cuando todos los terrenos estén reorganizados, los vecinos tendrán que tomar la determinación de si continúan con sus producciones e incluso de si las aumentan, aunque como augura el regidor, «otro factor a tener en cuenta es la mano de obra, ya que se necesita mucha y en la zona cada vez hay menos gente y la que queda es mayor».
Las viejas almazaras de los pueblos de los Arribes quedarán en muchos casos cerradas este año por la falta de producto y porque cada vez se hace menos rentable acondicionar instalaciones obsoletas cada campaña.
Los agricultores de Vilvestre han optado por molturar en la vecina localidad lusa de Freixo de Espada a Cinta, que cuenta con unas modernas instalaciones y que en apenas dos días habrán convertido en aceite todo la aceituna española.
«Cada año debemos meter mucho dinero en nuestra almazara y aún así, para continuar con el mismo proceso de hace 60 años, hemos decidido molturar en Freixo; nos han dado todas las facilidades y nos reservan unos días para no mezclar nuestro aceite con ningún otro», confirma Manuel.
A pesar de que Vilvestre y Freixo están separadas por muy pocos kilómetros, la producción que han estimado recogerán los vecinos portugueses puede rondar los 850.000 kilogramos. La explicación es clara para el alcalde del municipio español: «Ellos han optado por la agricultura y nosotros más por la ganadería, así que ellos tienen goteo y sacan agua del río».
El regidor de Villarino de los Aires, José Martín, habla igualmente de una pésima cosecha en su pueblo y valora la importante diferencia de kilos con respecto a Portugal también en la orientación pues «aquí ha caído alguna helada que a ellos, por su situación, no les ha afectado».
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Nueva Almazara
En La Fregeneda, con una almazara de los años 40, están pendientes de la construcción de una nueva, aunque, como siempre, la financiación está resultando un auténtico problema. «Es un proyecto ambicioso, de más de 400.000 euros, y a pesar de que la Junta de Castilla y León nos financia el 40%, el resto hay que buscarlo por lo que, al final, quizás tengamos que renunciar al planteamiento inicial y pensar en algo más asequible».
En Ahigal de los Aceiteros, la nueva almazara sí que continúa adelante y la intención de 11 agricultores que se han unido en una Sociedad Agraria de Transformación (SAT) para sacar airosa la infraestructura es que la próxima campaña, la del 2010, puedan molturar en las nuevas instalaciones. Con una inversión de unos 540.000 euros, la apuesta de estos oleicultores es la de ampliar sus cultivos, aunque sea arrendando tierras en Portugal, y producir en ecológico.
Tradicionalmente, la recogida de la aceituna se ha realizado a mano por los miembros de la familia, bien con redes, por vareo o por «ordeño», es decir, una a una. El aceite se ha destinado al consumo de la casa y cuando el año es bueno, el sobrante se vende. «Hace 30 años, en esta época, se vivía prácticamente en los olivares», recuerda Manuel Domínguez. «En los olivares se oían voces y cantares que ahora se han perdido», prosigue, y tira de memoria para relatar una de las coplas habituales de la zona: «Apañando aceitunas se hacen las bodas y el que no va a aceitunas, no se enamora».

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